domingo, 25 de agosto de 2019

La importancia de identificarnos

Este es de esos momentos en el que nos sentimos que somos mayores y que tenemos respuestas para todo y claro la vida azarosa viene a recordarnos que estamos para aprender y que para nada tenemos las cosas bajo control.
Estando en una reunión de la que sólo participábamos mujeres, en ese momento, Susana, nuestra acompañante, nos preguntó con que diosa nos identificaríamos. En ese momento me quedé en blanco, volví por un instante al colegio y conté mentalmente cuantas compañeras tenía por delante para contestar antes de que me tocara.
Activé todos los mecanismos de mi memoria, repase la mitología griega y romana, y una tras otra fueron desvelando los nombres de las figuras femeninas algunas conocidas y otras no, vamos me repetía una y otra vez, vamos tienes que encontrar ese personaje con el que te sientes a gusto.... y no puede ser, una y otra vez venía a mi mente la misma imagen. 
Ya sólo quedan dos personas para que me llegue el turno y seguía con la misma visión, se acabó pensé cuando la chica de mi derecha estaba comentando como se sentía, lo voy a decir porque yo me veo así.
Cuadro pintado por Mª José Delgado Calín
Cuando todas las miradas se posaron en mi exclamé: "Pues yo me siento como la Sirenita", unas risas se oyeron en la sala, en ningún momento sentí que fueran de mofa y burla, al contrario me miraban expectantes, así que proseguí con la explicación, lo primero que hice, para no perder la costumbre,  fue disculparme por no haber encontrado otra imagen con más pompa, y luego les expliqué que yo me sentía feliz, porque estábamos bañándonos a menudo, y el agua me da vitalidad, que era como una niña descubriendo cosas nuevas y que disfrutaba cada día, que sentía que estaba superando barreras para avanzar en la oportunidades que me proponía la vida y bueno que esa era mi forma de explicarles aquello que sentía.
Seguimos con nuestra reunión y ahí quedó esta imagen. Al regresar del viaje y estando una mañana sentada con un buen café... Me vinieron a la cabeza dos palabras inglesas: Mermaid y Siren, que en español traducimos como Sirena.
Entonces, y por supuesto sin intención de hacer un estudio de filología, comencé a indagar en los distintos sentidos que podía tener cada una de esas acepciones y me quedé con lo que en esencia había querido decir ese día.
En el mar cuentan que habitaban muchas criaturas, unas serían leyendas, otras creaciones de la mente humana que necesita poner nombre y descripción a todo lo que vemos. Entre ellas aparecen dos con forma de mujer, claro que la historia ha sido contada por hombres y en un principio los marinos también sería hombres.
Las sirenas, mitad mujer mitad ave, han pasado a la historia, como bellos seres, que cantaban y con su voz hacían presagiar grandes desgracias ya que en la mayoría de las ocasiones arrastraban a los barcos hacia acantilados provocando naufragios. Y es que volvían locos a los tripulantes de las embarcaciones, aún siendo auténticos lobos de mar. 
Yo misma Bajo el Mar
Junto a ellas destacan otros seres menos conocidos por su nombre y que pertenecen a la historia del medio marino "las nereidas", que provienen del griego "nadar", son las ninfas que habitan "bajo el mar" y que acuden presurosas a salvar a los marineros cuando estos se hayan en apuros.
En ese momento en que pude fusionar todas las palabras y sus sentidos, me sentí plena porque de una forma, a lo mejor un tanto infantil, había descrito la figura con la que me sentía identificada.
Desde muy pequeña me he sentido muy cómoda en el mar, estoy nadando desde que tengo uso de razón y de alguna forma en mi caminar por la vida me siento como esa ninfa que acude presurosa al rescate cuando la necesitan. Unas veces lo haré con mayor tino que otras aunque siempre ahí dispuesta a saltar contra viento y marea para resolver la cruzada que tengamos ante nosotros. Una veces me involucraré hasta la médula, otras te daré un número de teléfono, otras será una sonrisa, sea como sea ahí estaré.
Y que relajación sentí cuando por fin lo pude entender, como los niños cuando resuelven un puzle que les ha tenido en vilo, sólo que ellos no sienten la zozobra que experimentamos los adultos, ellos confían en que el tiempo va dando las respuestas y de que todo llega en su momento. Y dicho todo esto recordé que ya hace dos años publiqué el Romance y leyenda entre un pirata y una sirena. Que ahora os invitó a volver a leer.


domingo, 9 de junio de 2019

Diario de un viaje en tren

Foto tomada desde mi asiento
Bueno pues tantos meses pensando en como organizar los viajes que tenía programados y que me depararían y ya están terminados.
El tren ha sido el protagonista de los dos, porque ha sido mi medio de transporte elegido.
Además de trasladarme me ha dejado más de dos horas de charla en el vagón de la cafetería, que en los últimos viajes se ha convertido en mi segundo asiento. Lo que da de sí un zumo de piña..... Y mientras charlábamos de Objetivos de Desarrollo Sostenible, de investigación y de cosas de la vida, nos adentrábamos en tierras manchegas, dónde el paisaje se viste de llano, amarillos y zonas de pinos. Allí donde mi corazón le recuerda a mi mente tan buenos ratos y Vínculos hechos, los lugares dónde, primero en  Los Chospes y luego en Casas de Lázaro, mi grupo se ha convertido en el de jóvenes con mucha experiencia y dónde luego nuestros niños han crecido y jugado, se han caído y levantado.
Como parte de ese paisaje aparecen los molinos
de viento. 
Estampa manchega con los actuales molinos
Pues bien allí dónde Don Quijote sólo veía "desaforados gigantes" ahora otros ven progreso, innovación, energías renovables, y yo sigo viendo los molinos de un buen amigo, las tierras de una compañera de piso y los viajes en el coche familiar, de tantos puentes de la Constitución, con las niñas preguntando queda mucho.... 
Y entonces cierro los ojos y me traslado un montón de años en el tiempo cuando cada verano viajábamos en familia a Galicia para pasar el mes de agosto. Esas interminables catorce horas o más en coche sin aire acondicionado y juegos entre hermanos. Dos eran nuestros favoritos: adivinar la provincia de origen de los coches con los que nos cruzábamos, entonces cada uno llevaba sus dos letras identificativas y a imaginarnos la historia de vida de cada viejecito en bicicleta al que adelantábamos. Esta era sin duda la parte que más me gustaba, los vislumbraba por la espalda e inventaba por las ropas a que se habían dedicado y hacia dónde iban a esa hora. Maestros, agricultores, ganaderos, comerciantes para cada uno teníamos un oficio y un destino. A veces nos saludaban al pasarlos y yo pensaba si supiera que le hemos creado toda una historia. Así que bueno aunque de forma anónima fueron protagonistas durante una hora de la imaginación de unos niños que van de viaje y hoy les devuelvo su lugar escribiendo sobre ellos.
Creo que me he dormido, me despierto y prosigo porque después de un tren va otro. Y así va pasando la vida, entre viajes y experiencias por contar.

Líquidas convergencias (Fuenlabrada)
 Destino de ese día: Madrid, a una jornada técnica,  como empieza muy temprano decido viajar la tarde de antes, eso me permitía disfrutar de una horas de cena y desayuno con una amiga. 
También me ha brindado la oportunidad de conocer Fuenlabrada, de la que me sorprendió: su ambiente y una bonita fuente, en la que peces metálicos de distintas especies confluían entre sí como en una hora punta de cualquier ciudad. No sabemos como la apreciarán los lugareños, aunque yo no puedo resistirme a mirarlos, que para eso nací en el Mediterráneo. Hace un tiempo escribía sobre la posibilidad de nadar contracorriente y para ello elegía una trozo de papel de regalo que fue el que me inspiró A contracorriente (os dejo el enlace porque es de 2017).  Y tal y como dice el título, hay una segunda historia que contar aunque esa la reservo para la próxima semana.

domingo, 2 de junio de 2019

Un corazón de piedra

Al hilo de la entrada publicada la pasada semana sigo buscando frases que tengan una connotación en general negativa y que podamos transformar en nuestra versión alegre y positiva.
Elijo la expresión tener el corazón de piedra, puedo ponerme en situación y entender el porque de la misma, ya que si hablamos en sentido literal el corazón es un músculo, sano pero necesita acción, como cantaban Los Ronaldos, allá por los ochenta largos. Con esa premisa podemos deducir que si no ejercitamos este órgano se irá endureciendo y encogiéndose hasta hacerse chiquito y casi no recordar cuál es su misión.
Más allá de dar una clase de anatomía y funcionamiento del cuerpo humano, que sería la base estricta y formal de las utilidades del corazón, prefiero fijarme en el uso que de forma cotidiana hacemos de él, porque para empezar, hasta le hemos atribuido una forma para expresar el amor, aceptada y reconocida por todos, y que es muy distinta a la que en realidad tiene.
Su función sí es indiscutible, es vital y de la misma forma que en sentido fisiológico, aquí si hay una correspondencia con lo que de verdad hace y las similitudes expresadas por la literatura, historia, psicología, espiritualidad y otras tantas disciplinas.
Cuando nos dan una buena noticia decimos que se nos llena el corazón y verdaderamente respiramos y bombeamos la sangre con más fuerza, por el contrario una mala noticia nos achica y nos hace sentir un dolor que nos atraviesa desde fuera hacia las profundidades de nuestro interior. Si nos sentimos atraídos por una persona toda la química se pone en marcha en nuestro cuerpo, produciéndonos reacciones como cosquilleo, deseo y por supuesto una sonrisa en nuestra cara difícil de borrar. Por el contrario un desengaño amoroso produce que nuestro corazón se endurezca y reaccione ante los estímulos que van llegando, hasta el punto de que una sola de estas desilusiones puede pesar más que la dicha de las emociones positivas. 
Y así cada tropiezo nos va dejando una huella, cada piedra en el camino se convierte en una cicatriz, y muchas de estas pueden llevarnos a que este músculo alegre y pleno se torne duro y gris. Y es ahí dónde curtidos en mil derrotas decimos que la vida nos ha llevado a tener un corazón de piedra.
Pues a desmontar mitos que toca y os hablo desde mi experiencia personal y que mejor que hacerlo con un documento gráfico.
El verano pasado en la arena me tropecé con un objeto duro, tras soltar sapos y culebras por la boca, ya que mis deditos de los pies se resintieron, bajé la vista y descubrí esta piedra.
No me pude resistir y me agaché a recogerla, cual fue mi sorpresa cuando descubrí en ella la forma de un corazón, hasta con su válvula de entrada como podéis apreciar.
La recogí pensando que estaba ante una señal, frente al mar, con lo que eso reaviva, y encontrar esta hermosa figura, tenía que ser sinónimo de algo bueno. Me la llevé conmigo y tras unas semanas decidí tenerla en la oficina. Así podría acariciarla en los momentos de respira hondo antes de mandar a alguien hasta el infinito y más allá, y así lo hago y funciona. Su tacto suave, porque seguro que el mar, el viento, la arena y quien sabe si otros dedillos o patitas, han pasado sobre ella, dejando su superficie lisa y agradable al tacto.
La uso también cuando tengo que crear y por supuesto a la hora de tomar una decisión, porque este corazón no es sólo una piedra, me devuelve a la naturaleza, al origen y me demuestra una vez más que no todo lo que decimos y asumimos tiene que cumplirse al pie de la letra. 

domingo, 26 de mayo de 2019

Un paseo celestial

Tocar el cielo con las manos, ¿Puede el cielo alcanzarse? ¿Podemos elevar tanto las manos que nos parezca que alcanzamos lo más alto? ¿Qué nos puede producir en esta vida tanta satisfacción? A veces es conseguir una buena nota, que la persona que nos gusta nos dedique una mirada u hoy en día un mensaje de WhatsApp, una buena noticia en el ámbito profesional, los resultados negativos de una prueba médica o por el contrario un positivo transformado en dos rayas rosas que confirman un embarazo, y así podríamos hacer una lista interminable de motivos por los que alcanzar el firmamento.  
Una vez que llegamos a él, si de verdad pudiéramos tocarlo, ¿Qué haríamos? ¿ Amasar las nubes, como si de harina se tratara entre nuestras manos? Como soy golosa mas bien me imagino un gran algodón de azúcar, esponjoso que se deshace al intentar moldearlo, escapando de las formas convencionales, para proseguir su camino en libertad. 
Porque de eso se tratan las caprichosas formas de la nubes, de instantes efímeros que nos reportan felicidad mientras son mecidos por el viento, daros cuenta que diferencia entre ser barridos y la palabra que he utilizado. La primera mecer, nos transporta a los cálidos brazos que arrullan a un bebé, la otra barrer nos hace sentir que sobramos, es algo que hacemos para eliminar la suciedad. Imagino que dependiendo de cómo me siento utilizaré una forma u otra.
Prosigamos nuestro viaje, una vez alcanzadas las nubes, si nuestra mano siguiera avanzando ¿Qué creéis que haría? En mi caso lo tengo claro, llegaría a las estrellas y me las puedo imaginar o como galletas de canela, que me encantan, o como pequeños botones de contacto que al ser rozados por mi dedo índice se encienden e iluminan nuestra noche más oscura. Pueden mostrarnos un camino o acompañarnos en ese momento especial tumbados en la playa, aportando la luz justa para ver esa silueta que se adivina tumbada en la arena, uhm puedo sentirlo.
En ese paseo estelar sorteamos las pequeñas luminiscentes, porque una vez arriba si ya tenemos el cielo a nuestros pies, se trata de continuar sin hacernos daño mutuamente. Y puestos a pedir queremos un sendero porque el que avancemos de forma cómoda, en el que podamos conocer otras formas de vida, y así poder despertarnos para comenzar un nuevo día.
Porque para pasear entre las nubes no hace falta estar soñando, podemos experimentarlo en cada una de las situaciones que vivimos transformando los elementos a nuestro antojo y disfrutando del momento.
Y ¿Qué pasará cuando vengan nubarrones? Pues para eso podemos comprarnos un chubasquero y ver cómo resbalan las gotas que caen, y si después de chispear, llueve, para ese momento buscaremos una tabla salvavidas; los hay que dispondrán de barco, si este es grande, a lo mejor nos puede dar cobijo. Y si pillamos una corriente de aire tan fuerte que diluvia y se forma una cortina de agua que nos impide ver más allá, entonces la apartaremos con la mano para ver a través de ella, que no se puede, como no hay mal que cien años dure, en algún momento parará, oye y si esta historia no me gusta pues la cambio que para eso es la mía.
Este es el poder de las palabras, los dichos y la forma de entender la vida, son en sí mismos, todos estos elementos tan fuertes, que una vez comprendemos su poder tendríamos que sentirlos dos veces antes de dejarlas y dejarlos escapar de nuestra boca y pluma.

domingo, 19 de mayo de 2019

Deshaciendo capas

Esperando a ser guardadas
Toca salir del letargo del invierno, adentrada ya la primavera y a un mes del verano, es tiempo de desprendernos de las capas que nos recubren y protegen para dejarnos ver. Es el momento de poner tu piel al sol recibiendo el brillo que los rayos nos dejan, abrazándonos como una madre a su bebé.
Es tiempo de decirle adiós a ese grueso poncho, bajo el que pasamos tantas horas y que nos sirvió de parapeto de los vientos fríos, entendiendo estos como las corrientes de aire aunque también pueden ser palabras que nos hirieren o que nosotros así las sentimos.
Acostumbrados a caminar cubiertos con el respaldo que la manta nos confiere, mostrarnos tal cual somos se nos hace cuesta arriba, aceptar cada surco y montículo se convierte en un ejercicio valiente, visualizar sin juzgar cada día la imagen que nos devuelve el espejo, es el primer paso para aceptar quienes somos y que el tiempo pasa a nuestro favor.
Convertir nuestro cuerpo en un templo es la frase de moda hoy en día, ¿Qué significa realmente eso?
Si durante todo este tiempo hemos trabajado nuestra mente y corazón ¿Qué sucede con el envoltorio? En este mar de incertidumbres me he bañado durante mucho tiempo, a veces desistía en la idea y me dejaba arrastrar a la orilla para quedar varada en la arena, otras simplemente me mecía en las olas subiendo y bajando, y de repente un día vislumbro la isla en el horizonte y siento la necesidad de nadar hacia ella. Es tiempo de descansar bajo la sombra de una palmera para volver a encontrar mi playa. Ese lugar dónde cada uno de nosotros podemos regresar a descansar, tomar aire y continuar.
Recostada en la orilla contemplo todo lo que me rodea, cangrejos que avanzan a la par que retroceden, y pienso en los humanos que en ocasiones caminamos así, un gran paso hacia adelante, sentimos vértigo, volvemos un poquito hacia atrás, y otra vez hacia adelante.
Observo a los ermitaños, siempre con su casa a cuestas, es su única posesión, su tesoro y no quieren abandonarlo, les protege, les da seguridad y por ello no les pesa llevarla. Cuidan de su concha porque forma parte de ellos mismos y con cierta melancolía vuelvo a al cuerpo físico y en la piel veo el envoltorio con el que conviviremos hasta el final y me pregunto como cuidarlo cada día más y venero cada centímetro de la piel y su función protectora. Así vamos poco a agradeciendo todo lo que nos cubrió y que hoy se hace innecesario, porque somos perfectos en si mismos.
He tardado mi tiempo en aceptarlo tal y cómo es, todavía hoy de forma inconsciente lo olvido, aunque y cada vez con más frecuencia lo voy controlando. Sí lo soy y con esa frase que me devuelven mis labios en el espejo, pongo en valor cada centímetro de más de mi misma, sabiendo que irán bajando cuando comprenda que no hay nada que cubrir.
Y es entonces cuando vuelvo a ese primer día de playa en el que llegamos mirando a todos sitios completamente blancos y nos enfrentamos a las miradas de los demás, y descubro que somos nosotros mismos los que las dotamos de vida, asignándoles nuestros propios miedos y prejuicios. Y es hoy cuando digo se acabó no necesito arroparme de más.

domingo, 12 de mayo de 2019

Aguas estancadas

Al comenzar 2019 y tras pasar el mes de enero, planificando el año nuevo, me hice el firme propósito de escribir cada semana, tenía que elegir un día y los domingos me parecieron los más adecuados porque marcan el final o el inicio de una nueva oleada de días o cómo queramos verlo.
Manos a la obra comencé en febrero y he ido publicando cada día del señor, reflexionando sobre cuestiones de mi día a día, a veces uniéndolas con el momento que se celebraba a mi alrededor, otras tan sólo contando mi experiencia.
Y así llegamos al domingo pasado, 5 de mayo, en el que además se exalta la figura de la madre, y claro como soy hija y madre, por ese orden, me tomé el día de asueto y no publiqué nada. 
Mi sorpresa fue cuando una amiga, muy querida por mí, Sony,
Foto tomada por alguno de mis compañeros de viaje en Irlanda en  
el Pozo de Santa Brígida (Kildare).
me pregunto: - Mery, ¿tu blog?. 
En ese momento no supe que decir, aunque me emocionó el Whatsapp, porque esto que yo hago para mí adquiría también un sentido para los demás. Cada vez que publico las respuestas que recibo son alimento para el alma, así que como es domingo, me pongo en faena con un nuevo retazo de mi historia que es la que comparto con todos vosotros.
Para hoy he elegido el significado de "aguas estancadas". El fin de semana pasado estuve en contacto con el mar, donde las aguas fluyen y se renuevan a cada instante, cada ola que llega a la orilla viene con un nuevo brío, con una onda diferente, con una espuma propia, permanece junto a nosotros un instante nos refresca, y a continuación vuelve a marcharse en busca de otras orillas o nuevas historias que contar.
Del mar que es el hermano grande, he pensado en los ríos, que corretean buscando huecos para seguir siempre hacía adelante, y casi imposible volver atrás, avanzan en una única dirección, dónde el pasado no importa.
Y de ahí me he ido a las aguas que se quedan atascadas en un determinado punto, se clavan en el hueco de una roca, se acomodan en el margen de un camino y permanecen ahí hasta que se secan o alguien les abre la puerta a seguir.  Esta comparación me lleva a los pensamientos que tenemos las personas, la mayoría de ellos pasan en microsegundos, dando paso a otros, unos nos llevan a la acción, otros sin embargo los dejamos correr, ¿Qué sucede con los que no evolucionan en ninguna dirección? Y se quedan ahí, segundos, horas, días, años, se enquistan y se convierten en parte de nosotros. A veces estos son los que nos producen enfermedades y malestar, porque hace tiempo que debieron salir y no lo han hecho.
Están tan solidificados que en el punto dónde se han quedado crean una muralla que hace imposible el avance, el paso de otras corrientes e ideas se convierten en una aventura de escalada similar a la del muro de "Juego de Tronos" porque no pueden franquear la estructura compacta que hemos consolidado. 
Es entonces cuando el fuego del dragón hace posible que se resquebraje la estructura, ¿y quienes son esos dragones? Pues a pesar de estar condenados por la literatura, y verlos como una amenaza, yo voy a lanzarles una mano amiga. Al igual que defienden castillos también podemos tenerlos a nuestro favor para volar sobre sus lomos y con fuego romper las barreras que nos hemos auto-creado. Es cuestión de cambiar el cristal con el que los miramos.
Pues en este proceso estoy, en reconocer que se me ha estancado dentro para poder eliminarlo del todo, hace un par de años ya tuve que recurrir a una ayuda externa que abriera cual soplete un hueco para limpiar, espero que esta vez no sea necesario, y si lo es bienvenido sea, porque no estamos solos en esta aventura.
Además que sepáis que las aguas densas, saben dónde pararse, generalmente en nuestro talón de Aquiles, en el punto que tenemos más débil. Porque es ahí dónde encuentran el espacio para quedarse y hacerse fuertes, dónde nuestros miedos se convierten en gigantes que cual molinos de agua nos acechan y volviendo de nuevo los términos de las figuras literarias, los molinos son construcciones en los que gracias a la fuerza motriz del agua podemos desde moler el cereal a producir electricidad.
Con esto quiero decir que siempre podemos invertir los términos de la ecuación para cambiar el resultado. 
Dónde pensábamos que no había salida, podemos encontrarla, todo depende de la manera en que  decidamos abordarlo y de la perspectiva que le demos.  Así que manos a la obra, a la masa o cómo os sintáis más cómodos y a cavar los túneles por los que el agua vuelva a correr y siga su camino. Yo ya estoy con el cubo y la pala preparada para hacer los pasadizos del castillo, serán oscuros y a veces húmedos aunque te garantizo que siempre hay una luz al final del camino . ¿Te animas?

domingo, 28 de abril de 2019

Un poquito de silencio



Sábado por la tarde desde mi sofá, intento ponerme al día con Juego de Tronos, haciendo una épica sentada, mientras viajo de reino en reino, compartiendo aventuras con todas las familias.
Y en ese momento comienza el bingo en mi barrio, se celebra en la plaza y podemos participar todos los vecinos. Casi sin avisar arranca, generalmente, conducido por una voz femenina que empieza a decir los números poco a poco.  Van saliendo el 55, cinco, cinco, el 68, seis, ocho y así hasta la primera pausa porque han cantado línea, comprueban la misma y los siguientes números hasta que alguien canta el bingo. Entre la línea y el bingo se oyen los murmullos de uy! cuando ya se acerca el final.
Imagino el recipiente en dónde residen todas las bolas con sus cifras marcadas y esperando para salir tras cada movimiento del bombo. Tras muchos años escuchándolo y, confieso que algunos participando, me doy cuenta que aún estando los números parece que hay algunos a los que les gusta destacar más que a otros, yo diría que el 15, el 13, 5 o el 45 salen casi siempre, o a lo mejor es que me gustan especialmente y me siento bien escuchándolos. Lo que no cabe duda es que queramos o no el sonido de la voz de la persona que canta los números penetra en nuestros hogares. 
Y entonces.... ante la imposibilidad de concentrarme en la serie, apago la tele y me abandono a imaginar que todas esas bolas con números somos nosotros esperando a que alguien nos nombre para salir. Pasamos gran parte de nuestra vida esperando que alguien nos abra una puerta por la que acceder al mundo, y cuando salimos allí ¿Qué nos sucede? Que nos sientan y esta vez en fila y por orden, porque mientras permanecemos en la gran esfera podemos relacionarnos unos con otros, girar, bailar, a veces ni salimos en toda la partida y no pasa nada. Tenemos un nombre y habitamos el mundo.
Una vez fuera nos espera una gran hilera de huecos dónde nos acomodan, y que a modo de un patio de butacas nos sientan a esperar. A veces tengo la sensación que la vida se nos pasa así, como si de una gran película se tratara y en la que pasamos por ella como espectadores.
Y entonces me acuerdo de La Rosa púrpura de El Cairo y empiezo a imaginarme como sería el mundo si algunos protagonistas de ficción pudieran salirse de las películas, y me voy a Orgullo y Prejuicio, ¿Qué haría yo si Mr. Darcy abandonará la película y fuera a buscarme? Pues probablemente lo seguiría, viviría un poco de la época y volvería enseguida a mis comodidades del siglo XXI, y si Denys (Robert Redford) ¿Me invitará a lavarme el pelo en África? Pues a riesgo de sufrir tirones y que me entre jabón en los ojos me dejaría, claro que luego pensaría en el ecosistema y volvería de nuevo a mi cuarto de baño. Y si yo fuera Claire y Jamie me propusiera conocer las Highlander… pues me tienta aunque creo que prefiero ir a verlas ahora que esta todo tranquilo sin batallas entre familias.
Buscamos mil y una historias fuera de nosotros que nos diviertan, cuando uno mismo puede divertirse mucho consigo mismo.
Y llegado a este punto termina el bingo y además he quitado la tele, con lo que me recuesto en el sofá y le digo a la vida gracias por lo que tengo y sobre todo por este ratito de silencio.